Señoras bien

Freud plantea que la cultura se sostiene, en buena medida, sobre la renuncia y regulación de las pulsiones, especialmente de aquellas formas de satisfacción sexual que desbordan la norma y que, en el lenguaje de su época, fueron nombradas como perversas. Esto permite pensar que aquello que una sociedad define como normal no es necesariamente natural, sino el resultado de una exigencia cultural que busca contener, ordenar y dirigir el deseo. Cuando esa energía pulsional no encuentra una vía directa de satisfacción, puede desplazarse hacia otros fines, entre ellos los artísticos. Desde esta perspectiva, las llamadas aberraciones sexuales pueden desprenderse de su carga patologizante para situarse en el terreno de la fantasía y la creación: un espacio donde los deseos insatisfechos, privados, vergonzantes o prohibidos encuentran una forma de elaboración estética capaz de producir sentido y placer compartido.

Bajo esta premisa se presenta Señoras bien, de Luz Posadas, una exposición que despliega visualmente las tensiones entre deseo, disciplina y fantasía. En sus imágenes, lo doméstico, lo religioso, lo camp y lo sexual conviven hasta desbordar sus propios límites; tales como, cuerpos cubiertos de látex negro, máscaras, cadenas y posturas asociadas con imaginarios fetichistas y sadomasoquistas irrumpen en habitaciones rosas, escenarios íntimos y ambientes cargados de ternura, ornamento y religiosidad. Ese contraste entre lo camp y el BDSM hace visible aquello que la moral sexual suele relegar al terreno de lo impropio, pero lo hace justamente dentro de los espacios donde se construyen la respetabilidad y la norma. El rosa deja entonces de ser un color inocente o infantil y se convierte en una superficie de tensión, capaz de intensificar aquello que socialmente se intenta ocultar. La obra reunida puede leerse como una escenificación del fantaseo, es decir, deseos que no desaparecen ante la prohibición, sino que reorganizan el mundo y ensayan otras formas posibles de habitarlo.

Señoras bien invita a mirar críticamente no sólo lo que aparece representado, sino también las categorías culturales desde las que hemos aprendido a nombrar lo normal, lo impropio, lo respetable, lo obsceno, lo femenino, lo perverso o lo decente. Más que preguntarnos qué hay de aberrante en estas imágenes, la exposición propone invertir la pregunta; ¿qué tipo de moral necesita producir la categoría de aberración para sostener su propia idea de normalidad? Desde ahí, la fantasía deja de ser una evasión y se convierte en una herramienta para reorganizar simbólicamente las restricciones de la vida social. Los cuerpos que aparecen en estas obras pueden leerse como ensayos de otras maneras de presentarse, vincularse, cuidarse, desear y construir comunidad. La muestra nos enfrenta, finalmente, con nuestras propias incomodidades y deseos, y nos invita a preguntarnos cuánto de aquello que juzgamos pertenece realmente a lo que vemos y cuánto proviene de las normas que hemos aprendido a llevar con nosotros.

Curaduría:

Benjamín J. M. Martínez Castañeda.

Luz Posadas, Reunión de señoras bien, técnica mixta, 2026.
Luz Posadas, Hora del postre, acrílico, 2026.
Luz Posadas, Ni perro que me ladre, acuarela, 2026.
Luz Posadas, Déjame cuidarte, acrílico, 2026.
Luz Posadas, Cuarto rosa, acrílico, 2026.
Luz Posadas, Entonces, ¿quién soy yo?, tinta, 2026.